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Jueves, 17 Agosto 2017
Resignarse es descansar en Dios

Resignarse es descansar en Dios Featured

16 Jun. 15.Hay personas que creen que descansar en Dios es entregarle únicamente los sufrimientos, los dolores, las enfermedades, las angustias, el llanto, la infelicidad, es decir, lo que no es bueno en nuestra vida. Pero no, descansar en Dios es también entregarle lo bueno, la esperanza, la alegría, el gozo, la ilusión, la inquietud por un mañana mejor, la búsqueda de una vida más digna, más estable.

Es entregarle al Señor también aquello que es producto de la bondad que hay en tu vida, de la maravilla que implica tu existencia. Es entrar en su voluntad porque en su voluntad está nuestra felicidad, y esto es la resignación.

La resignación no es un acto de pasividad ante lo desconocido, no es un acto fatal ante el fracaso. Hay quienes creen que resignarse es bajar la guardia cuando ya todo está perdido, cuando ya no hay nada que hacer, entonces tengo que ceder. Esto no es resignación, esto no es evangélico, esto no es de Dios.

La resignación es depositarse en las manos del Dios que te ama, y entonces, con todo el corazón, esperar todo de Él. Y para esto, no necesitas llegar a una situación límite cuando el médico te ha declarado ya la imposibilidad de la cura, o cuando el abogado te ha informado la imposibilidad de salvar tu casa hipotecada, o cuando te han dicho que tu hijo no puede seguir estudiando en el colegio porque ha sido académicamente un fracaso. No necesitas llegar a ese punto para confiar y esperar en Dios.

Esperar no es quietud, esperar es inquietud. Muchos creen que la esperanza es cruzarse de brazos y no hacer nada. No obstante, cuando estás a la espera de un suceso, de una circunstancia, no permaneces inamovible, estás buscando, estás llamando, estás gestionando. Entras en el espíritu de la inquietud y del dinamismo. Pides y clamas. Esto es esperar. Y la persona que espera, si gestiona desde la fe, tiene que confiar. La resignación es, por tanto, un componente esencial de la fe y es la clave para vivir la fe.

 

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