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Lunes, 01 Junio 2020
Mons. Rolando: No podemos volver la vista atrás para repetir los mismo errores en la historia

Mons. Rolando: No podemos volver la vista atrás para repetir los mismo errores en la historia Featured

Celebramos la fiesta del Bautismo del Señor y encontramos dos grandes humildades: La de Jesús y la de Juan el Bautista, Juan que no se siente digno de desatar las correas de las sandalias y Jesús que se coloca en la fila para ser Bautizado. En este encuentro de dos humildades se hace el encuentro de los valores del reino de los cielos, valores que debemos practicar, de ahí que celebrar la fiesta del Bautismo del Señor es la oportunidad de renovar nuestros compromisos bautismales, la fe cristiana, renovarnos familiarmente, en la vida comunitaria.

Recordamos que sólo hay un Bautismo, sin embargo, recordamos que Bautizar significa sumergir y bautizados significa sumergimiento por eso es importante que todos nos sumerjamos en el costado abierto de Cristo y nos dejemos sumergir por el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. En la Cruz empieza este sumergimiento. Pero igual que nosotros hacemos la fila de los pecadores, la fila del sumergimiento para llegar a la gracia y perdón del Señor, nos estamos sumergiendo, estamos renovando el Bautismo, estamos sumergidos en el poder redentor del Señor.

El Bautismo del Señor, fiesta propicia para el cambio: Hemos iniciado un nuevo año, y apenas iniciado ya se siente el impacto doloroso en la economía familiar, se ve en el horizonte político una situación nada clara y socialmente se experimenta en el ambiente las tensiones que existen en nuestra patria, sin embargo nosotros como creyentes teniendo puesta la mirada en Jesucristo que es nuestra esperanza, una esperanza que no desmaya, que no caduca, que es más lúcida y también confiando los nicaragüenses en nuestras propias capacidades, energías interiores y energías de vida tenemos que continuar adelante con ánimo renovado y espíritu firme en los grandes ideales del reino que constituyen una auténtica nación.

Es propicio recordar que no es tiempo, nunca lo ha sido, para el desencuentro, las trifulcas, asedios, discriminaciones, para la desconfianza, descalificaciones, no es tiempo para la división, es el tiempo que debemos tomar con nuestras propias manos el timón de nuestra historia, por su puesto siempre llevados por la luz del Divino Espíritu, es tiempo para encontrar caminos de solución a esta grave y dolorosa crisis que vivimos, es tiempo de buscar soluciones que nos beneficien a todos, que beneficien a la familia nicaragüense, tiempo que nos permitan sentar las bases para una nueva nación para una nueva Nicaragua. Hacerlo con amor patriótico para esta tierra que nos ha visto nacer y crecer, lamentablemente que en su historia se ha visto en la guerra entre sus hermanos.

No podemos volver la vista atrás para repetir los mismo errores en la historia, sólo podemos volver la vista atrás para ver los errores y no cometerlos de nuevo, volver la vista atrás para que renovados en los valores del reino y en el amor al país podamos con sinceridad buscar caminos de solución para hacer un cambio, un giro positivo en la historia de la patria y poder heredar a las futuras generaciones una nueva sociedad. Hermanos estamos a tiempo y lo podemos lograr.

El profeta Isaías en el capítulo 42, primeros versículos, anunciando a este Mesías el cual con los cielos abiertos el mismo Padre lo presenta como su ungido e hijo amado dirá: “No voceará, no alzará el tono, no quebrará la caña que está rota, no apagará la mecha que apenas humea”. Hermanos en Nicaragua: No es tiempo de vociferar, no es tiempo de alzar la voz y tratar al adversario político y quererlo eliminar, es tiempo del encuentro con el otro, vernos como hijos del mismo Padre y de una misma patria.

En nombre del Señor digo que se equivocan quienes en Nicaragua quieren pensar y piensan que es tiempo de vociferar, de levantar la voz y ofender, se equivocan quienes piensan que estamos en tiempos de terminar de quebrar la vara rota o la mecha que humea, no es tiempo de eso, muy al contrario es tiempo de vivir el encuentro de la humildad, tiempo de dejar de ver al adversario político como un enemigo y aceptarlo con sus diferencias y buscar caminos correctos y justos para encontrar puntos comunes, de coincidencia y entonces construir una visión de nación.

Es el tiempo en medio de la crisis de permitir que surja un nuevo horizonte, la crisis que en griego significa juicio, alternativa y opción, toda crisis es oportunidad de resurgir y resucitar. Por eso Reflexiones de monseñor Rolando Alvarez para la semana:
Celebramos la fiesta del Bautismo del Señor y encontramos dos grandes humildades: La de Jesús y la de Juan el Bautista, Juan que no se siente digno de desatar las correas de las sandalias y Jesús que se coloca en la fila para ser Bautizado. En este encuentro de dos humildades se hace el encuentro de los valores del reino de los cielos, valores que debemos practicar, de ahí que celebrar la fiesta del Bautismo del Señor es la oportunidad de renovar nuestros compromisos bautismales, la fe cristiana, renovarnos familiarmente, en la vida comunitaria.

Recordamos que sólo hay un Bautismo, sin embargo, recordamos que Bautizar significa sumergir y bautizados significa sumergimiento por eso es importante que todos nos sumerjamos en el costado abierto de Cristo y nos dejemos sumergir por el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. En la Cruz empieza este sumergimiento. Pero igual que nosotros hacemos la fila de los pecadores, la fila del sumergimiento para llegar a la gracia y perdón del Señor, nos estamos sumergiendo, estamos renovando el Bautismo, estamos sumergidos en el poder redentor del Señor.

El Bautismo del Señor, fiesta propicia para el cambio: Hemos iniciado un nuevo año, y apenas iniciado ya se siente el impacto doloroso en la economía familiar, se ve en el horizonte político una situación nada clara y socialmente se experimenta en el ambiente las tensiones que existen en nuestra patria, sin embargo nosotros como creyentes teniendo puesta la mirada en Jesucristo que es nuestra esperanza, una esperanza que no desmaya, que no caduca, que es más lúcida y también confiando los nicaragüenses en nuestras propias capacidades, energías interiores y energías de vida tenemos que continuar adelante con ánimo renovado y espíritu firme en los grandes ideales del reino que constituyen una auténtica nación.

Es propicio recordar que no es tiempo, nunca lo ha sido, para el desencuentro, las trifulcas, asedios, discriminaciones, para la desconfianza, descalificaciones, no es tiempo para la división, es el tiempo que debemos tomar con nuestras propias manos el timón de nuestra historia, por su puesto siempre llevados por la luz del Divino Espíritu, es tiempo para encontrar caminos de solución a esta grave y dolorosa crisis que vivimos, es tiempo de buscar soluciones que nos beneficien a todos, que beneficien a la familia nicaragüense, tiempo que nos permitan sentar las bases para una nueva nación para una nueva Nicaragua. Hacerlo con amor patriótico para esta tierra que nos ha visto nacer y crecer, lamentablemente que en su historia se ha visto en la guerra entre sus hermanos.

No podemos volver la vista atrás para repetir los mismo errores en la historia, sólo podemos volver la vista atrás para ver los errores y no cometerlos de nuevo, volver la vista atrás para que renovados en los valores del reino y en el amor al país podamos con sinceridad buscar caminos de solución para hacer un cambio, un giro positivo en la historia de la patria y poder heredar a las futuras generaciones una nueva sociedad. Hermanos estamos a tiempo y lo podemos lograr.

El profeta Isaías en el capítulo 42, primeros versículos, anunciando a este Mesías el cual con los cielos abiertos el mismo Padre lo presenta como su ungido e hijo amado dirá: “No voceará, no alzará el tono, no quebrará la caña que está rota, no apagará la mecha que apenas humea”. Hermanos en Nicaragua: No es tiempo de vociferar, no es tiempo de alzar la voz y tratar al adversario político y quererlo eliminar, es tiempo del encuentro con el otro, vernos como hijos del mismo Padre y de una misma patria.

En nombre del Señor digo que se equivocan quienes en Nicaragua quieren pensar y piensan que es tiempo de vociferar, de levantar la voz y ofender, se equivocan quienes piensan que estamos en tiempos de terminar de quebrar la vara rota o la mecha que humea, no es tiempo de eso, muy al contrario es tiempo de vivir el encuentro de la humildad, tiempo de dejar de ver al adversario político como un enemigo y aceptarlo con sus diferencias y buscar caminos correctos y justos para encontrar puntos comunes, de coincidencia y entonces construir una visión de nación.

Es el tiempo en medio de la crisis de permitir que surja un nuevo horizonte, la crisis que en griego significa juicio, alternativa y opción, toda crisis es oportunidad de resurgir y resucitar. Por eso Nicaragua tiene la oportunidad histórica de crecer, resurgir y resucitar; si los nicaragüenses nos revestimos de esta humildad del Bautista, si bajamos el rostro para contemplar en el pesebre al Dios hecho niño y en la Cruz al Dios triturado; si los nicaragüenses tenemos esta humildad también con fe firme los cielos se abrirán sobre nosotros y sobre cada nicaragüense se escuchará la voz que dice: "Este es mi hijo amado en quien tengo mis complacencias".
; si los nicaragüenses nos revestimos de esta humildad del Bautista, si bajamos el rostro para contemplar en el pesebre al Dios hecho niño y en la Cruz al Dios triturado; si los nicaragüenses tenemos esta humildad también con fe firme los cielos se abrirán sobre nosotros y sobre cada nicaragüense se escuchará la voz que dice: "Este es mi hijo amado en quien tengo mis complacencias".

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