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Viernes, 23 Agosto 2019
Monseñor Alvarez: La puerta de entrada al cielo para nosotros es el hermano

Monseñor Alvarez: La puerta de entrada al cielo para nosotros es el hermano Featured

"El hermano, el prójimo, es nuestra puerta de entrada al cielo", dijo monseñor Rolando Alvarez, Obispo de la Diócesis de Matagalpa, durante la Santa Misa que presidió en el Monasterio de las Hermanas Clarisas en ciudad Darío, el domingo 11 de agosto, acompañado por sacerdotes y fieles de diversos lugares.

En primer lugar el Prelado agradeció a las religiosas por ser "el alma" de la Diócesis de Matagalpa, porque al pasar 24 horas de contemplación y oración ante Jesús sacramentado, fortalecen a la Iglesia y al pueblo en medio de las adversidades.

En su homilía se refirió a ser Cristocéntricos, citando la parte del Evangelio del día donde Jesús dice: "Donde está tu tesoro ahí está tu corazón", añadiendo que quien tiene a Cristo como centro ve a todo hombre como un hermano, al que lo rechaza y no lo rechaza, al que lo acoge y ve con dudas, al que nos acepta y al que busca la pelusa en el ojo, fiscalizando nuestra vida, a todo hombre, al que piensa como nosotros y al que piensa diferente a nosotros, porque todo hombre es nuestro hermano. "Toda verdad fundamental donde el hombre tiene su dignidad que hay que respetar sagradamente debe de ser para nosotros el centro de nuestro pensar y de nuestro actuar, desde el día que Dios se hizo hombre ya no se puede hablar de Dios sin hablar del ser humano, no se puede concebir a Dios sin concebir al hombre, es más podríamos caer hasta en una herejía si pudiéramos concebir a Dios sin concebir al hombre, podemos cometer una terrible alienación espiritual, es decir ajena al mismo Dios si nosotros pudiéramos tener una experiencia con Dios olvidando al hombre, olvidando sus ideales, alegrías, sueños, pues no podemos obviar al hombre".

"Hermanos no podemos olvidar al otro aunque no nos acepte, porque ese otro es hijo de Dios y hermano nuestro, no nos podemos olvidar del otro, así de importante es para nosotros la centralidad del ser humano, el humanismo que respeta la centralidad de la persona, ahí vemos ya el camino al cielo, y ya el texto nos va llevando de la mano y comienza precisamente ese cielo, esa venida del hijo del hombre que vendrá a poner en plenitud la venida del Padre, por eso el texto llama a estar preparados porque no sabemos ni el día ni la hora, pero ya nos hemos preparado para eso a través del hermano, a través del prójimo, y dice San Juan de la Cruz que al final de la vida seremos juzgados por el amor, por sabernos humillar por el hermano; el hermano, el otro es nuestra puerta de entrada al cielo".

"Hermanas Clarisas: La puerta de entrada al cielo para nosotros es el hermano, es el otro, entonces al elevar a tal rango de dignidad y de celestialidad entendemos que el caminito para conducirnos al cielo y la puerta de entrada para él, es el prójimo. El Evangelio nos fundamenta un humanismo y antropología exquisita, ninguna ideología es capaz de fundamentar un humanismo y antropología como esta, y hay gente que quisiera que leyeramos el Evangelio ajeno a la historia, y por eso el Papa dirá que el primer camino que debe recorrer la Iglesia es el camino del hombre".

"En realidad hermanos como dice Santa Clara, angostos siguen siendo los caminos y estrecha la puerta, claro como no lo va ser si el Señor nos manda a amar e incluso al que te puede odiar, sigue siendo angosto el camino. Siempre he dicho que en Nicaragua nos asechan cuatro tentaciones del demonio: La desesperanza, el odio, el miedo y la indiferencia, porque el demonio sabe que un pueblo desesperanzado es sepultado en vida, un pueblo con odio se autodestruye, con miedo está paralizado y un pueblo indiferente se hace ajeno a la realidad, y de estas cuatro tentaciones hay dos que hieren el corazón, el odio y la indiferencia, el odio que busca la sed de venganza y como acabar con el otro, y la indiferencia que es no querer meterse en nada, estar en silencio, apartarse, no meterse en problemas, y contra eso la caridad nos lleva a amar, a estar con el otro y comprometerse con el hombre y la historia del pueblo".

"Ningún creyente debe quedarse indiferente a lo que estamos viviendo, a esta crisis terrible, debe estar con el otro, con el que sufre y con el que está herido como decía Madre Teresa de Calcuta: Si quieres amar, ama al que está a tu lado, para llevar la luz de Cristo y la sal a la tierra, por eso es que también he hablado que el pueblo nicaragüense es el constructor de su historia, porque a medida que el nicaragüense se haga constructor de su historia, en esa medida es que no se permitirá que sean otros los que construyan la historia, la historia nuestra la debemos construir nosotros, en la medida que nosotros tengamos la conciencia de responsabilidad social, de responsabilidad ciudadana, en la medida que cada quien tenga algo que aportar en esa medida los nicaragüenses nos convertimos en constructores de la historia y no objetos de la historia, se es objeto de la historia cuando se recibe nada más los que otros reciben, y cuando nos tratan como chunche viejo. Hermanos nosotros no somos objetos de la historia, nosotros por la dignidad que Dios nos ha dado somos sujetos de nuestra historia".

"Por eso ante estos desafíos que tenemos, la caridad de Cristo nos urge, y la caridad de Cristo nos urge para salir de nuestros egoísmos y de nuestras fronteras, ir al encuentro del otro y juntos los nicaragüenses podamos ir a construir nuestra patria e historia, por eso la caridad de Cristo nos urge".

"Concluyo con la palabra que el Señor nos regala al inicio del Evangelio de este domingo: 'No tengas miedo pequeño rebaño porque el Padre ha tenido a bien darte el reino'. No tengas miedo pequeña Nicaragua porque el Padre ha tenido a bien darte su reino".

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