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Domingo, 22 Septiembre 2019
Mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

Mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado Featured

La Iglesia celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado desde 1914 como ocasión para expresar su preocupación por las diferentes categorías de personas vulnerables en movimiento; para rezar por los desafíos a los que se enfrentan y para sensibilizar acerca de las oportunidades que ofrecen las migraciones.

Mediante el tema que el Santo Padre eligió este año – “No se trata sólo de migrantes” – Francisco insiste en que nadie debe permanecer excluido de la sociedad, independientemente del tiempo que una persona lleve residiendo en un determinado país.

"No se trata sólo de los migrantes"

A través de esta iniciativa prosigue la campaña de comunicación lanzada por la Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio Humano Integral  con ocasión de la 105ª edición de la próxima Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado (JMMR), que se celebrará el domingo 29 de septiembre.

En efecto, cada mes, la campaña ofrece reflexiones, profundizaciones y recursos para la promoción de diversas actividades pastorales sobre temas inherentes a esta JMMR, que abordarán varios subtemas con diferentes textos e imágenes. Los dos primeros subtemas tratados fueron: “También se trata de nuestros miedos” y “También se trata de la caridad” . Mientras el nuevo subtema es “Se trata de nuestra humanidad”.

Cabe destacar que este tema y los subtemas forman parte integrante del Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se hizo público el pasado 7 de mayo.

Texto del Videomensaje

«Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial» (Mt 18,10). No se trata sólo de migrantes: se trata de no excluir a nadie. El mundo actual cada día es más elitista y cada día es más cruel con los excluidos. Los países en vías de desarrollo siguen agotando sus mejores recursos naturales y humanos en beneficio de unos pocos mercados privilegiados. Las guerras afectan sólo a algunas regiones del mundo; sin embargo, la fabricación de armas y su venta se lleva a cabo en otras regiones, que luego no requieren hacerse cargo de los refugiados, no quieren, no lo aceptan esos refugiados que dichos conflictos bélicos generan.

Muchas veces se habla de paz pero se venden armas. ¿Podemos hablar de una hipocresía en este lenguaje? Quienes padecen las consecuencias son siempre los pequeños, los pobres, los más vulnerables, a quienes se les impide sentarse a la mesa y se les deja sólo las “migajas” del banquete (cf. Lc 16, 19-21). La Iglesia «en salida [...] sabe tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos» (Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 24), a los que nosotros mismos estamos excluyendo como sociedad.

El desarrollo exclusivista hace que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres. El auténtico desarrollo es aquel que pretende incluir – es inclusivo – pretende incluir a todos los hombres y mujeres del mundo, promoviendo su crecimiento integral, y preocupándose también por las generaciones futuras. El verdadero desarrollo es inclusivo y fecundo, lanzado hacia el futuro.

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