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Domingo, 22 Septiembre 2019
Monseñor Rolando: Nuestra palabra siempre tendrá que ser una palabra que construya

Monseñor Rolando: Nuestra palabra siempre tendrá que ser una palabra que construya Featured

Amadísimos hermanas y hermanos, estamos celebrando el sexto domingo de pascua, y nos vamos acercando al solemne domingo de pentecostés, donde celebraremos la venida del Espíritu Santo sobre todos nosotros, sobre toda la iglesia.

Precisamente, por esta razón los textos evangélicos,principalmente, comienzan a prepararnos a esa venida del divino espíritu, de hecho, el texto del evangelio que se nos ha preparado, nos llama a guardar la palabra de Jesús, que es la palabra del Padre; nos llama entonces a guardar los mandamientos de Dios y nos promete al Espíritu Santo.

En diversas ocasiones les he dicho que el pueblo nicaragüense, enfrenta tres tentaciones gravísimas: la tentación de la desesperanza, la tentación del odio y la tentación de la indiferencia. Un pueblo sin esperanza está sepultado, un pueblo que odia se autodestruye, y un pueblo que es indiferente está muerto en vida.

Naturalmente a la tentación de la desesperanza, se le opone, directa y radicalmente la esperanza, nosotros somos hombres y mujeres de esperanza, los creyentes tenemos puesta nuestra esperanza no en fuerza humana alguna, si no en el Cristo crucificado y resucitado.

¿ Cómo se puede explicar nuestra esperanza puesta y fundamentada en el Cristo crucificado y resucitado?. Porque el crucificado es, el que, aparentemente ha sido vencido, el crucificado es el que aparentemente ha fracasado, el que aparentemente esta frustrado en sus aspiraciones, incluso en la promesas que él mismo ha hecho a los suyos, sin embargo, al tercer día éste crucificado, deja el sepulcro vacío, y manifiesta y demuestra que la ultima palabra siempre la tiene y la tendrá la vida y con su resurrección Cristo, no solo triunfa sobre la muerte y el pecado que lo llevó a la muerte, ya que cargó sobre sus espaldas nuestras iniquidades, si no que, también nos hace triunfadores a todos los que creemos en él, con su resurrección Cristo no solo vence a la muerte y al pecado si no que también nos hace vencedores a todos aquellos que hemos puesto nuestra confianza en él, como diría el Apóstol Pablo.  

Ciertamente, nuestra esperanza es de ojos abiertos, eso significa que tenemos bien puestos los pies sobre la tierra, el cristiano no puede enajenarse, es decir, el cristiano no puede volverse ajeno a la realidad que está viviendo, a la realidad que vive él mismo, ella misma y a la realidad que viven los demás, eso es tener los pies puestos sobre la tierra, como los tenían los apóstoles el día de la Ascensión del nuestro Señor, y teniendo los pies puestos sobre la tierra igual que ellos, ponemos y colocamos nuestras aspiraciones y nuestras pupilas en el cielo, esperando, a como diría el Apocalipsis, esperando cielos nuevos y tierra nueva.

Ésta esperanza de ojos abiertos, está esperanza que no es pasividad, si no que es trabajo y esfuerzo, lucha y conquista, por lograr, precisamente,lo que se espera, procede del Espíritu Santo, es el divino espíritu quien nos anima interiormente, es el divino espíritu el que nos fortalece interiormente, es el divino espíritu el que nos llena de fuerza, de energía, de entusiasmo, de valor; es el divino espíritu el que interiormente nos repite la palabra de Cristo resucitado a los suyo: “ No tengan miedo ”.

Naturalmente, al odio se le opone radical y directamente el amor, el amor del que nos habló, precisamente el Señor el domingo pasado, cuando nos daba su mandamiento nuevo: “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”, y hay una lucha titánica del demonio, del maligno para que el corazón de los nicaragüenses abra, aunque sea una fisura, aunque sea puertecita una ventanita, el corazón al odio. Una lucha,diría, permanente, pero nosotros siempre movidos por ese divino espíritu, animados por él, sostenidos por el Espíritu Santo, tenemos que mantenernos firmes en el amor, a los ultrajes, a los insultos, a las calumnias, a los señalamientos, a las condenas, al grosero y al grotesco hablar, a todo aquello que busque cómo avivar, encender en los corazones de los nicaragüenses, los malos sentimientos, tenemos que responder con la fuerza del amor; porque recuerden también lo que les he dicho en tantas ocasiones, amadísimos hermanos, el amor es invencible, nada ni nadie que se revista de odio, de lenguaje de odio, de actitudes de odio, de reacciones de odio, se puede sostener ante el amor, al final de cuentas el que odio es un débil, la que odia es una débil, débil, pobremente débil, porque no ha sabido ser capaz de ser dócil al espíriitu que arrecía los corazones, porque no ha sido capaz de arreciar su corazón, volver su corazón récio, su corazón grande, su corazón libre, de esos sentimientos de iniquidad y revestirse de los sentimientos de dulzura, de ternura, de compasión, de fraternidad y solidaridad auténtica, el que ama es un hombre fuerte, es una mujer fuerte, que ha llenado su corazón de respuestas de reacciones, de sentimientos, de actitudes de reacciones que son rectas, que son correctas y que son evangélicas, que son de profunda y máxima altura, como es el amor, el amor es la aspiración mas alta que podría buscar un ser humano y por supuesto un cristiano, el creyente que llegua a amar, no obstante las contradicciones, el creyente que llegua a amar, aunque se enfrente a perturbaciones de odio, ese hombre, esa mujer ha llegado al mas profundo y al mas alto nivel no solo de humanismo, sino también, por supuesto, de cristianismo.

Y finalmente, a la indiferencia se le opone radical y rotundamente la responsabilidad, la co-responsabilidad, es decir, todos somos co-responsables de la marcha de la historia, ninguno de nosotros podría dejarle solamente a la providencia divina, el curso de los acontecimientos de los sucesos y las situaciones históricas, ninguno!; porque Dios siempre esperará nuestra cooperación.

Santo Tomás de Aquino afirma que la gracia de Dios supone la naturaleza, es decir, Dios va a actuar siempre, siempre, nunca dejará de actuar el Señor; pero siempre, siempre esperará nuestra coorperación.

El no ser indiferentes es tomar conciencia social, es tomar conciencia que todos debemos aportar, nuestro propio carisma, nuestro propio hallazgo, tomando esa figura evangelica, diríamos, es tomar conciencia de que cada uno de nosotros debe de aportar su granito de mostaza, cada uno, ahí donde está, cada uno, ahí donde de encuentra, cada uno de acuerdo a su vocación, cada uno de acuerdo a su estado de vida, cada uno de acuerdo a su realidad, tenemos que sentirnos todos, protagonistas de nuestra historia, no podemos, no debemos y es anti-evangelico dejarle a otros, y peor todaa sería dejarle a unos pocos, el destino y la decision del futuro y el presente de nuestra nación.  Por eso, el pueblo, como lo decíamos y lo recordábamos en la fiesta del Buen Pastor, tiene rostro, tiene nombre, tiene voz, tiene identidad, tiene dignidad, y el pueblo, protagonista de su historia, el pueblo co-responsable de la marcha de la historia, los sucesos y acontecimientos, el pueblo, éste pueblo de Dios, éste pueblo del Cristo resucitado, siempre tendrá que ser el pueblo que tenga la ultima palabra, como la tuvo Cristo dejando el sepulcro vacío.

Grave equivocación sería, si algunos piensan que el pueblo, únicamente es receptor de decisiones de otros, o como les decía, peor aún de pocos, grave error sería; y grave error sería porque precisamente tenemos que contrarrestar esa tentacion de la indiferencia, y todos tenemos que involucrarnos y todos tenemos que dar una palabra y todos tenemos que decir una palabra constructiva, propositiva.

 

Nuestra palabra no es ni puede ser nunca para destruir, nuestra palabra no es ni puede ser nunca para derruir, nunca !. Nuestra palabra siempre tendrá que ser una palabra que construya, una palabra que edifique, una palabra que proponga, una palabra que sea de presente y de futuro, honesto y meritorio para el mismo pueblo de Dios.

 

Y esta capacidad de no ser indiferentes, amadísimos, también la da el Espíritu Santo, el Espíritu Santo nos hace tomar esta conciencia, el Espíritu Santo, dice San Juan, es el que nos conduce a la verdad, Espíritu Santo dice el Papa Francisco, es el que nos indica cuándo un camino está equivocado y cuándo un camino es el correcto, el Espíritu Santo, dice el Papa Francisco, es el que nos ilumina para descubrir nuestras equivocaciones y para descubrir nuestros aciertos, el Espíritu Santo que hoy el Señor nos promete, es que finalmente, como también Cristo nos ha deseado, traerá la paz, la paz del Señor esté con ustedes.

 

 

 

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