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Lunes, 09 Diciembre 2019
Monseñor  Alvarez: Todos sin excepción, somos constructores de nuestra historia

Monseñor Alvarez: Todos sin excepción, somos constructores de nuestra historia Featured

El Espíritu Santo libera del miedo, el miedo que paraliza, y la persona que tiene miedo corre el riesgo de apartarse, de auto marginarse, de excluirse, buscando que sean otros los que gestionen. Además el miedo hace a la persona irresponsable, no quiere responder a sus actos, irresponsable también del caminar de la historia y de la sociedad, siente que él no tiene que ver con esto. Puede llegar a pensar que está al margen de los acontecimientos, que en toda su vida está al borde del camino, al borde de la gestión terrenal y puede ser que existan personas que vivan al margen del camino dejando que otros decidan por ellos.

Hay una expresión muy popular entre los nicaragüenses: "Si yo no trabajo no como", San Pablo decía: "Todo el que trabaja tiene derecho, el que no trabaje que no coma". Les decía que detrás del refrán popular podría estar escondiéndose un discurso de indiferencia, mi trabajo y yo, yo y mi trabajo, con tal de ganarme el pan de cada día con el sudor de mí frente es suficiente. Esa indiferencia podría llevar a la irresponsabilidad y uno se pregunta: ¿Y los demás? ¿Y los otros? ¿Y el resto del pueblo? ¿Somos si acaso una isla?

Partiendo del miedo podemos llegar a grandes consecuencias si no dejamos que el Divino Espíritu rompa el miedo; porque si la falta de esperanza entierra al pueblo, el odio lo destruye, el miedo lo paraliza, no podemos hermanos ceder al miedo.
Una vez sin miedo el Señor les desea la paz a sus apóstoles, por eso todos sin ninguna exclusividad, donde nos encontremos somos constructores de nuestra historia y no podemos permitir que sean algunos los que construyan nuestra historia, cuando siendo hijos de Dios, hijos del gran rey somos un linaje real, todos tenemos linaje real, y cuando uno redescubre esa conciencia de su dignidad personal, comunitaria, social, nacional y descubre ahí donde esté, desde el tipo de trabajo, oficio y labor, desde el campesino que labra la tierra, desde la mujer que lava la ropa en las quebradas, desde la anciana que hace las tortillas en el rancho pasando por el oficinista, el hombre y mujer de ciudad, pasando por el empresario y el político sensato que reflexiona desde la dignidad de la persona para construir la historia. Cuando se va construyendo esto desde la realidad y oficio, viendo al Señor que nos regala su espíritu y dice: “No tengan miedo”, descubrimos la paz profunda de saber que hemos cumplido un deber moral, social, un deber con la tierra que nos vio nacer.

El Señor desea a los apóstoles la paz y cuando se tiene la paz interior, igual que los apóstoles nos llenamos de alegría, una alegría serena que proviene de la satisfacción, de estar cumpliendo, de aportar un granito de mostaza para la edificación de una historia diferente. Todos los nicaragüenses sin exclusividad nos merecemos una historia diferente, que se ha venido construyendo durante más de 190 años, una historia que has sido fragmentada, llena de ciclos repetitivos. Entonces desde el construir una historia desde la dignidad, desde el Espíritu de Dios que colma de paz, nos llenamos de alegría serena.

El proceso que el Señor trae con su espíritu es quitar el miedo, dar la paz, llenarlos de esperanza y alegría, dice el texto: “Sopla sobre ellos el Espíritu Santo” y dice: “A quien perdonen los pecados le quedarán perdonados”. Todos necesitamos del perdón, no hay nadie que no necesite el perdón, reconociendo eso ya podemos nosotros perdonar a los demás. En más de una ocasión he dicho que el corazón del nicaragüense sin ningún apellido está lastimado y herido, lamentablemente hemos llegado a un límite donde no existe un corazón que no se siente herido, y ¿cómo sanar esas heridas? Es una pregunta que todos debemos hacernos unos y otros, ¿cómo sanar el corazón humillado, ofendido? Esas son preguntas que debemos hacerlas y que decir de los corazones que ya entró el odio, debemos ser honesto y reconocer que hay corazones de nicaragüenses que ya están llenos de odio, que respiran odio, y díganme ustedes sino debemos de cuestionarnos: ¿Qué hacer ante estas situaciones? ¿Qué hacer para reinventarnos? Cuando hay corazones y gente a la que le resulta difícil y no entendible encontrar caminos para superar esas heridas. Tenemos que pedir al Divino Espíritu nos ayude a encontrar caminos que nos ayuden a superar juntos esas consecuencias del odio, ayudar a los que están sometidos al odio, a los que están rehenes del odio a levantarse de esas cenizas de muerte, porque el odio es muerte. El odio lleva siempre a la venganza, a vengar aquello de lo que se ha sido víctima, sólo rectificando ese tejido podemos salir adelante, es una obligación para el creyente cristiana, para el no creyente humanística y para todos una obligación ciudadana.

En estas fiestas del Espíritu Santo debemos suplicar venga una efusión del Divino Espíritu, y lo que la fuerza humana no puede hacer que lo haga la fuerza de Dios. Para nosotros eso es posible porque creemos en el Espíritu Santo, en el resucitado que ha vencido a la muerte, en el Espíritu que recrea, reinventa y hace nuevas todas las cosas y si ya lo hizo una vez y en otras partes, lo puede hacer aquí porque es el Divino Espíritu el que renueva en nombre del Padre y del Hijo.

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