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Miércoles, 11 Diciembre 2019
Monseñor Rolando: ¿Por qué para Cristo son dichosos los que lloran, los que sufren?

Monseñor Rolando: ¿Por qué para Cristo son dichosos los que lloran, los que sufren? Featured

El evangelista Lucas en las Bienaventuranzas (6,17.20-26) responde: Porque ellos recibirán de Dios el consuelo. Serán saciados por el Señor. Él mismo hará sentar a éstos en el banquete y se pondrá a servirles. Son dichosos, bienaventurados porque es el mismo Dios quien vendrá a consolarlos, a saciarlos y a servirles. 


En el Antiguo Testamento algunos profetas tuvieron la visión de Dios sentado en lo alto en las nubes. Es una visión espléndida que nos presenta a un Señor grande y poderoso. Sin embargo, en las Bienaventuranzas es Dios que visita a su pueblo, que está cercano a él, comparte la misma suerte y se hace uno entre nosotros, tanto que podría pasar desapercibido entre los suyos, entre sus compatriotas, como sucedió cuando volvió a Nazaret: “¿No es acaso el carpintero, el hijo de María? ¿Y sus hermanos no viven aquí entre nosotros?” (cf. Marcos 6, 3).


Dios se hace uno más entre su pueblo. Esto nos llena el corazón de esperanza, de ilusión. Esto, como dijo el Papa Francisco, aun en los momentos más oscuros de la vida nos hace soñar, porque Dios está con nosotros. Y ciertamente la visión de los profetas de Dios espléndido en lo alto es maravillosa; pero por esta palabra donde el Señor proclama bienaventurados a los que sufren, podemos decir que tenemos otra visión espléndida y maravillosa: Dios sentado junto a su pueblo. 


Las dos visiones son reales: Dios en su trono y Dios que baja para sentarse entre nosotros, entre su pueblo, entre ustedes. Dios que visita a su pueblo y que se compadece de él diciendo a los apóstoles: “No puedo despedirlos sin darles de comer porque ya llevan días de ayuno y en el camino se pueden desmayar” (cf. Mateo 15,32). La compasión es sufrir con el otro, estar con el otro, vivir la vida del otro, por eso los pobres son dichosos porque finalmente tendrán la compasión del Señor. 


En las Bienaventuranzas vemos el encuentro de Dios con su pueblo y al encontrarse con nosotros nos invita a encontrarnos unos y otros. Encontrarnos sin tenernos miedo, sin vernos extraños, comunicando la realidad de la existencia para que de ahí nazca una realidad divina. Este es el Dios con nosotros, el Emmanuel, él que viene, que se acerca, que se compadece, consuela y encuentra con su pueblo, para que nosotros podamos encontrarnos unos con otros.

 

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