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Viernes, 23 Agosto 2019
Mons.Rolando : Examinemos nuestra conciencia

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En el texto de San Juan 2, 13 en adelante, leemos que: “Llegado a Jerusalén encontró Jesús en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos” (Jn 2, 13-14).

Jesús no se opone al esfuerzo y al trabajo de la gente para ganarse el pan de cada día. En nuestros templos y santuarios, en las peregrinaciones y procesiones hay un buen grupo de gente que vende bisutería religiosa, imágenes y novenas. Lo hacen para ganarse el sustento diario. No es ése el problema, sino el hacer negocio con la religión, aprovecharse de ella para acumular bienes, crear ganancias. Instrumentalizar la religión para enriquecerse, cobrar ilícitamente como lo hacían los vendedores en el atrio del templo de Jerusalén. A todo eso es a lo que se opone el Señor. Cristo llama a no hacer negocio de la religión.

“Destruyan el templo y en tres días lo reconstruiré” (Jn 2, 19). Los discípulos pensaban que Jesús se refería al templo físico, pero era a la nueva alianza que haría con su pasión, muerte y resurrección. Ante esto hermanos, se nos impone un examen de conciencia, ya que cada uno somos casa del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Son entonces importantes las preguntas: ¿Cómo está mi interior? ¿He convertido mi templo en un mercado con actos ilícitos? ¿Cuáles son esos actos? ¿Estoy amando a Dios sobre todas las cosas, lo estoy amando con toda mi vida? Es más, también debemos revisar como está nuestra vida de oración, de cercanía al sacramento de la confesión y nuestra vivencia de la Eucaristía.

Además debemos cuestionarnos: ¿Cómo estoy amando al prójimo? ¿Lo amo como a mí mismo a tal punto que la caridad hacia el otro es el principio rector de mi vida? Y, ¿cómo está mi amor por la Iglesia? ¿La amo con todas mis fuerzas, corazón y vida a tal nivel que mi amor por ella va aumentando? Y si alguien tiene duda del porqué amarla, no se le olvide que ella nos ha dado la fe, y en el último día de vida nos asistirá, nos ungirá, nos preparará el camino y abrirá las puertas al reino de los cielos. Por tanto, ¿cómo no amarla?

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