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Viernes, 23 Agosto 2019
Monseñor Rolando: necesitamos de aquel que es ciertamente el autosuficiente por excelencia

Monseñor Rolando: necesitamos de aquel que es ciertamente el autosuficiente por excelencia Featured

La liturgia de la iglesia de la cual tantas veces le he insistido , es verdadera maestra que nos va catequizando y conduciendo a una auténtica y seria formación de nuestra fe cristiana, nos presenta el texto de la transfiguración en este camino cauresmal, para recordarnos que toda nuestra penitencia tiene y tendrá siempre como finalidad, la alegría de la pascua de resurrección, el gozo del triunfo del Señor.

 

Yendo directamente al texto de San Lucas, quisiera que centraramos nuestra atención en el hecho de que Jesús al hacerce acompañar de Pedro, Santiago y Juan ,subió a un monte. La montaña es siempre, como sabemos, signo del encuentro cercano, íntimo, personal y comunitario con Dios.

 

Efectivamente San Lucas, sigue diciendo, que subió a un monte para hacer oración y apartir de lo que diría es la clave de lectura para poder interpretar el resto del texto, la oración. Vamos a reflexionar presisamente, en qué es orar, quién es el que ora, porqué orar, y qué logramos en la oración, recordemos en primer lugar lo que decíamos el miércoles de ceniza, es propio del hombre, de la mujer necesitada, buscar estos momentos de encuentro con el Señor, es propio del hombre y la mujer necesitada buscar estos momentos de baños de silencio en el que estamos cara cara con aquel que sabemos muy bien nos ama. Como decía el santo : “un momento para que el me mire y yo pueda mirarlo”.

 

Sólo la persona que se sabe es insuficiente en si misma, radicalmente insucientes, es decir, que no sólo tenemos grandes limitaciones y fragilidades humanas, si no también, que no nos damos avasto a sí mismos, necesitamos, la ayuda , el socorro del Señor, necesitamos de aquel que es ciertamente el autosuciente por excelencia, de él sí, que es absolutamente autosuficiente.

 

Nosotros encontramos nuestra suficiencia, sólo en Dios, sólo en la oración, en el diálogo íntimo, personal y comunitario con el Señor yo me siento suficiente, es ahí donde nos podemos sentir realmente suficientes, encontramos en él nuestra suficiencia, encontramos en él nuestra fuerza, encontramos en él nuestra lucidez. Para San Ignacio de Loyola, la lucidez es el reconocimiento claro de la realidad humana que cada quien vive, el reconocimiento claro de sus problemas de sus pecados, de sus limitaciones, de sus dificultades, el reconocimiento claro de esta realidad humana, para él esto es y en esto consiste la lucidez, y esa lucidez la encontramos también en la oración, al reconocer esa realidad humana tan limitada, y encontrarnos cara cara con el Señor, entonces también es que encontramos, les decía, nuestras suficiencias, es que entonces podemos sentirnos fuertes, amados por él, la fortaleza que nos viene de Dios, se encuentra en la experiencia del amor de él, en la experiencia del amor que nos tiene.

 

Tanto amó Dios al mundo,que le dio a su hijo único para que todo el que crea en él no se pierda, si no que tenga vida eterna dice Juan 3,16. En la oración, también, nosotros encontramos la libertad interior y volvemos e insistimos y decimos que la libertad interior, el no sentirnos no solo atados, ni esclavizados, de nadie ni de nada, encuentra su razon de ser en la oración, cuando también en ella nos sentimos amados por el Señor, nos sentimos favorecidos por él, es decir, contamos con el favor de Dios, y si Dios esta con nosotros, quién, pero quién puede estar contra nosotros; si Dios esta con sus elegidos, quién, pero quién podrá estar contra sus elegidos.

 

El Salmo 91 lo dice muy bien, mil caerán a tu izquierda y 10 mil a tu derecha, pero a ti nada te pasará, porque uniéndolo con la frase evangélica, hasta los cabellos de la cabeza están contados por el Señor , y esta certeza, esta seguridad, esta convicción profunda y radical la encontramos en la oración, cuando nos descubrimos amados por el Señor, contamos con el favor de Dios, Dios esta de nuestra parte, siempre lo va a estar, siempre lo estará , por eso, si en la oración encontramos la suficiencia nuestra, nuestra fortaleza, en la oración encontramos también nuestra libertad interior, porque para ser libres, dice el apóstol nos libero Cristo.

 

En la oracion, en un tercer momento, podemos afirmar, que también ,como diría San Ignacio, Cristo va siendo el principio y fundamento de nuestra vida, eso significa que en la medida en que mas oremos, mas claridad, y volvemos tambien al término de lucides, que según San Ignacio es ese reconocimiento de la realidad humana, y entonces decía entre mas oremos, mas claridad, mas lucidez tendremos para abrir nuestro corazon, y que Cristo vaya siendo cada día mas, cada vez mas, el principio y fundamento de nuestra vida, el primero en nuestra vida, ocupando el principal lugar de nuestra existencia, al punto de que todo lo demás, no diría que pasa a un segundo lugar, si no que teniéndolo a él como el centro de nuesta vida, como el primero y principal, y en el lenguaje del Apocalipsis, como el alfa y la omega, el principio y el fin de cada uno de nosotros, moviéndonos y existiéndonos en Cristo, sólo en él , todo el resto, personas y cosas , situaciones y circunstancias quedan ordenadas entorno al Señor, que termina siento como un centro de gravedad en nuestra vida, y entonces uno no solo entiende, si no que puede vivirlo como una experiencia, aquella palabra, de la escritura, busquen primero el reino de Dios que lo demas viene por añadidura, y entonces también no sólo sabremos con mayor claridad, si no que lo viviremos con un corazón ardiente la palabra paulina: ante el conocimiento de Cristo Jesús, todo le resto lo considero una basura, dice San Pablo, una expresión muy propia del lenguaje y de la manera de manifestarse, de comuncarse, de escribir que tenia Pablo.

 

Que importancia, es entonces, hacer de Cristo el principio y fundamento, primero y último, alfa y omega, principal en la vida de cada uno de nosotros, porque eso nos termina ordenando la vida y termina ordenando las cosas, y ordenando las relacones, las situaciones y circuntancias que nos tocan vivir, que nos rodean. De tal manera que volviendo y recordando, en la oración encontramos que somos suficientes, a partir de Dios y que sólo en Dios encontramos nuestra suficiencia y fortaleza, que en la oración encontramos nuestra libertad interior y que en la oración el señor va acupando el primer y principal lugar y va siendo el principio y fundamento de nuestra vida.

 

Pero también, San Lucas nos recuerda que en la oración nosotros logramos nuestra transfiguración, no sólo Cristo pudo transfigurarse, también nosotros en su presencia somos transfigurados, porque en esa intimidad, en esa soledad fecunda con el Señor, en ese silencio interior, en el que nos encontramos cara a cara con aquel que sabemos nos ama, nuestro corazón se va transformando en el corazón de él, de tanto estar con él terminamos pensando y sintiendo con él y lo que nosotros vivimos en las relaciones humanas, en la relaciones interpersonales normales, en la que de tanto ser amigo de esa persona, de tanto platicar con ella, le conocemos sus pesamientos, sus sentimientos, su manera de ser de actuar, y hasta vamos pareciéndonos a ella ,hasta vamos asumiendo actitudes, gestos de esa otra persona; pues igual con Ctisto, de tanto estar con él , pero de tanto estar y estar y volver a estar con él , uno termina pensando y sintiendo como él, es decir, el corazón por una acción, claro esta, del divino Espíritu, va lograndose transformar en el corazón del Señor y cuando el corazón nuestro se va logrando transformar en el corazón del Señor, entonces es que logramos también nosotros ser transfigurados, de tal forma, que permítanme volver; en la oración encontramos nuestra suficiencia que viene de Dios, nuestra fortaleza que viene de él , en la oración encontramos nuestra libertad interior , en la oración el Señor va logrnado que él sea el primero, el principal, el principio y el fundamento, en la oración somos transfigurados y finalmente, claro, en la oración podemos escuchar al Señor

 

El texto evangélico así nos lo ha dicho, cuando encontrándose ahí, en esa experiencia formidable y maravillosa, afirma San Lucas, no habia terminado de hablar cuando se formo un nube que los cubrió, y ellos al verse envueltos por la nube, se llenaron de miedo, de la nube salió una voz que decía: “ Este es mi hijo mi escogido, escúchenlo” ; en ese silencio en el que se encuentra cara con el Señor, se encuentra la voz de Dios, debemos escuhcar la voz de Dios, debemos estar atentos a su palabra.

 

El Señor habla en la oración a través de su palabra y cada vez que nos encontramos con su palabra hemos de preguntarnos, qué me esta diciendo a mí en este momento preciso de mi vida el Señor a través de esta palabra. Cuánto recomienda el Papa Francisco la amistad con esta palabra al punto de que él insiste hasta de llevar en el bosillo una pequeña biblia, probablemente un pequeño nuevo testamento para que en cualquier momento del día uno pueda tener ese contacto con la palabra y encontrarse ahi con el Señor y escuchar ahi al Señor y poder encontrar en aquella voz, la voluntad de Dios, que es nuestra paz y nuestra esperanza.

 

Y finalmente, el texto nos va guiando y dice, que luego de la transfiguración los discípulos guardaron silencio y ya esto nos introduce al hecho de que bajan del monte y vuelven a la vida ordinaria, el hombre y la mujer orante que ha hecho todo este camino y ha tenido todas estas experiencias bellas, preciosas, en las que sigo insistiendo, nos hemos encontrado que en Dios está nuestra suficiencia y fortaleza, nuestra libertar interior, el hacer de Cristo el centro de nuestra vida, principio y fundamento,el ser transfigurado por el Señor, transformando el corazón en el de él, y escucharlo para encontrar la voluntad de Dios y cumplirla, entonces volvemos a nuestra vida ordinaria.

 

La oración, entonces, lejos de enajenarte, de volverte una ajeno con la vida de todos lo días, la oración lejos de volverte ajeno a las realidades históricas que te toca vivir, después de haber estado también nosotros en ese monte de la transfiguación de la oración , nos envía a los demás, nos envía al mundo para ser luz que ilumine, sal que de sabor, y fermento que de forma, y dice el Papa Francisco: cómo podemos volver al mundo, llevando la palabra con la que nos hemos encontrado , transmitiéndole a los demás, la experiencia interior que hemos vivido, hacer participes a los demás de aquello que hemos compartido y vivido a solas con Cristo, por eso pidamos al Señorr la gracia que nos haga hombres y mujeres de oración, para que, teniendo toda esta experiencia, haciendo todo este recorrido, este itinerario, este camino de vida interior, de vida espiritual en la soledad fecunda con el Señor, siempre volvamos al mundo, entonces, sin perder de vista las cosas eternas, también gestionemos con la fuerza del evangelio las cosas temporales.

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