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Viernes, 23 Agosto 2019
Un pueblo desesperanzado, es un pueblo sepultado

Un pueblo desesperanzado, es un pueblo sepultado Featured

La iglesia, como se los he dicho en tantas ocasiones, como madre que es para amar, acoger y perdonar, es también maestra para enseñar, guiarnos y conducirnos hacia Cristo que es el camino, la verdad y la vida, esta iglesia madre y maestra, también se los he dicho, en otra ocasiones, a través de la liturgia de todos los días, pero principalmente la del domingo, si estamos atentos, va catequisándonos, va formándonos sólidamente en nuestra fe cristiana, digo esto porque hoy que estamos celebrando el 33 domingo del tiempo ordinario, ya el texto evangélico que se nos ha proclamado nos introduce en el final de los tiempos, solo que diría que este texto evangélico, introduciéndonos en el final de los tiempos, nos llena nos alienta, nos llama y nos exorta a la esperanza; lo hace, ciertamente, con el lenguaje propio que las escrituras utilizan cuando se va a referir a ese final de los tiempos, que es un lenguaje apocalíptico, estremecedor, prodigioso, portentoso y aveces hasta un poco escalofriante, fíjense, Jesús dijo a sus discípulos: “ Cuando lleguen aquellos días, después de la gran tribulación la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán del cielo, las estrellas y el universo entero se conmoverá”.

Es un lenguaje apocalíptico, portentoso,prodigioso y hasta cierto punto estremecedor y escalofriante, pareciera como si nos presenta una hecatombe universal; pero en realidad ahí lo que se esconde es el mensaje de esperanza porque el texto continua: “...entonces verán venir al hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y magestad “, en este encuentro con este Cristo magestuoso, esplendoroso, es donde se encuentra, donde se funda, nuestra esperanza.

¿ Cuántas veces les he dicho a ustedes que en esta batalla espiritual el maligno, quiere en primer lugar llenar de odio el corazón de los nicaragüenses? , y recuerdo perfectamente que desde el primer día en que se los dije, también les prevenía, que insistentemente iba a estárselos recordando, que insistentemente les iba a estar advirtiendo de esta realidad espiritual de la que estoy firmemente convencido, porque un corazón lleno de odio conduce a la persona a su autodestrucción y a la destrucción del otro, porque esa persona, además de no tener paz en su corazón, de estar divida en su interior, de estar como agua turbulenta y agitada, con ansiedad, sin poder siquiera conocer lo que es la serenidad, fácilmente se llena de saña contra el otro, y es ahí donde gente como el filósofo existencialista, ateo Sartres, dice que el otro se convierte en un infierno para uno, imagínense semejante expresión: ‘ el otro es un infierno para mi ‘ .

Pónganse a pensar por favor, si el odio que te lleva a esa saña contra el prójimo, al que no miras, por supuesto como tal, si no como un enemigo al que hay que aniquilar, ¿ no se hará ver a ese hombre y a esa mujer como tu infierno? , es realmente terrible, esa artimaña del maligno, del demonio; pero hoy quisiera también advertirles, a la luz de este mensaje, que el Señor nos transmite en el texto evangélico, que hay una segunda artimaña, hay una segunda maldad perversa que el demonio quisiera introducir en el pueblo nicaragüense, y esa artimaña perversa, es la desesperanza, la desesperanza que conduce a la persona a la desesperación, y una persona que ya no tiene esperanza, piensen también esto un momentito, una persona que ya no tiene esperanza es una persona que esta acabada, sepultada, porque todas sus fuerzas, todas sus energías vitales, de vida, todo su andamiaje, su estructura interior que es lo que nos permite a todos seguir avanzando, ponernos de pie y seguir caminando, seguir trabajando por un mundo mejor, se vienen al suelo completamente, es algo completamente terrible, amadísimos, un pueblo desesperanzado, es un pueblo sepultado, un pueblo desesperanzado se me viene a la memoria la figura del profeta Ezequiel con los huesos secos, cuando el profeta mira aquella muchedumbre; pero los mira como cadáveres, y hoy que meditaba en la mañana este texto y reflexionaba sobre todos estos aspectos que les estoy compartiendo también se me viene a la memoria esa estrofa del poeta : “ No son muertos, los que en dulce calma la paz disfrutan de la tumba fría, muertos son los que andan muerta el alma y aún viven todavía”, podríamos parafrasear al poeta y decir : “ Muertos son los que ya no tienen esperanza y aún viven todavía”, ya no tienen esperanza y aunque caminen andan como los cadáveres del profeta Ezequiel, o como los muertos del poeta.

 

Y vean bien, les pregunto ¿nuestra esperanza ha estado puesta en los análisis sociales, políticos, psicológicos, económicos, culturales?, yo pienso que no. Al menos nosotros como creyentes, si me permiten decir: Jamás nuestra esperanza a estado puesta en esas ciencias, importantes y necesarias, claro que si, porque son auxiliares para nosotros, ciencias auxiliares para nosotros, que nos pueden ayudar a comprender mejor el mundo; pero no, nunca, podrán ser nuestra esperanza, eso quiere decir amadísimos, que las ciencias sociales, políticas, económica y culturales nos pueden decir que el mundo se derrumbó o se está derrumbando; pero el cristiano que confía en Cristo y a puesto su esperanza y tiene su esperanza y su mirada puesta solamente en Cristo, en la roca inexpugnable, en la roca inconmovible, en la roca inmutable, en la roca incambiable, aún permanecerá siempre de pie porque siempre creerá que es posible un mundo mejor.

 

Que la desesperanza no encuentre albergue en su corazón, igual que el odio, núnca, pueden ustedes escuchar vientos de sirena o musicas de sirena, cosas que van y vienen, noticias catastróficas; pero cuando, según la expresión del Papa Francisco, el espíritu mundano quiera tocar su corazón para deseperanzarlo, recuerde y preguntense, ¿Dónde estan puestas mis esperanzas ? , ¿estan puestas en estas noticias catastróficas?¿Dónde están puestas mis esperanzas?, voy a decir algo demasiado fuerte, incluso ¿ estan puestas en los hechos históricos, que son de infortunio, de verdadero infortunio?. No !. Ni siquiera en ellos, y no es que cerremos los ojos, porque cerrar los ojos sería un acto anti-evangélico, no, nuestra esperanza es de ojos abiertos, conocemos y vemos la realidad; pero el punto, amadísimos, es que conociendo y viendo la realidad, nuestra esperanza debe permanecer siempre firme, en pie inconmovible, para seguir adelante trabajando, como les decía, por un mundo mejor, por un mundo más humano y mas cristiano.

 

Esa fuerza de la esperanza es una de las grandezas de un hombre, de una mujer, de un pueblo, ¿ o no se han encontrado ustedes con gente que en medio de los mayores dolores y de las mas grandes tribulaciones, sin emabargo, las miran optimistas, las miran llenas de serenidad de paz y de una alegría interior y de esperanza y no se sorprenden de los resultados?, pero ¿dónde encuentra este hombre, dónde encuentra esta mujer esa esperanza, esa alegría, ese optimismo, para nosotros los cristianos la respuesta es clara, la encontramos en Jesucristo Rey del Universo.

 

Gabriel Marcel, un pensador filósofo, cristiano, existencialista decía algo muy bello, decía: “la esperanza es propia de los corazones inquietos”, porque algunos podrían pensar que la esperanza de la que hablamos es un letargo, es una inamovilidad, es una quietud de inercia, es cruzarse de brazos, y Gabriel Marcel, cristiano, filósofo, existencialista, nos ayuda a poder escudriñar el mismo evangelio, y dice. “la esperanza es propia de los corazones inquietos”, la esperanza cristiana es propia de los hombres y mujeres que tiene puestos sus ojos en el cielo, nuestras pupilas como cristianos, tienen que estar siempre puestas y clavadas en el cielo, núnca en la tierra, es propio del creyente tener su mirada puesta en el cielo; pero los pies bien colocados en la tierra para gestionar con el espíritu celestial, con el espíritu de Dios, con el espíritu cristiano gestionar las cosas temporales de este mundo, por eso es que la esperanza es propia de los corazones inquietos, de ahi que, llenémos de esperanza todos los nicaragüenses, yo ayer decía también los no creyentes o los que no son de nuestra religión, para nosotros es Cristo, para ellos podría ser su ser superior, como le llamen; pero en ese ser superior que para nosotros es Cristo, Dios y hombre verdadero, palabra de Dios encarnada, debemos de encontrar la fuerza para seguir adelante, caminando juntos como hermanos.

 

La esperanza es como un árbol frondoso y de ramas verdes,la esperanza es como una semilla de mostaza que llega a ser un gran arbusto, la esperanza es como la higuera que produce higos, la esperanza es como el paralítico que camina, la esperanza es como el leproso que es sanado, la esperanza es como el ciego que recobra la vista, la esperanza es como el amanecer del día, la esperanza es como la tierra fecunda; la esperanza es como la lluvia que cae por la mañana y por la tarde hace que el jardín florezca, la esperanza es inquieta, inquietante e inquietadora, por eso la esperanza es mas fuerte que la muerte, y cuando nos encontremos con él y ante él, la fe pasará, la esperanza contemplará y el amor permanecerá, asi de grande es la esperanza.

 

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