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Viernes, 23 Agosto 2019
Monseñor Rolando: La última palabra en la historia la tiene el Señor Resucitado

Monseñor Rolando: La última palabra en la historia la tiene el Señor Resucitado Featured

En el texto evangélico que se nos ha proclamado, la pregunta de quién es el más importante en el reino de los cielos, o quién es el más importante en la Iglesia, o quién es el más importante en la viña del Señor, y así sucesivamente podría formularla de diversas maneras; quién es el más importante en la parroquia, quién es el más importante en la comunidad. Y la respuesta del Señor es muy sencilla; pero muy profunda: el que quiera ser el primero, que se haga el último, el que quiera ser el más importante que se haga el servidor de todos, esa es la respuesta del evangelio, y el Papa Francisco, comentando este texto y esta respuesta de Cristo a sus discípulos, es decir, a nosotros, dice que precisamente por eso, la Iglesia siempre debe de inclinarse.

 

Me llama atención la palabra que usa el Papa, dice: “debe de inclinarse ante los más débiles ” y repite el Papa en su reflexión: “ la Iglesia debe de inclinarse ante los más necesitados ”. Yo creo que es como decir : “la Iglesia tiene que humillarse ante el más débil, ante el más necesitado” , hacer una opción privilegiada por el más sufriente, por eso hoy en la mañana en mi reflexión en la eucaristía en Santa Iglesia Catedral decía: “ este es el fundamento por el cual la Iglesia muchas veces tienen que vivir la espiritualidad de Getsemaní, que es la espiritualidad de la tristeza de muerte que experimenta Cristo, el hecho de la Iglesia tenga que inclinarse ante el más débil, ante el más necesitado, ante el más vulnerable , el hecho de la Iglesia tenga que hacer una opción privilegiada por el que más sufre, nos lleva a tener que vivir muchas veces la espriritualidad de Getsemaní, que repito, es la de la tristeza de muerte que experimenta Cristo, nosotros como Iglesia, muchas veces tenemos que, humildemente, dejarnos bañar, inundar por esa esperitualidad del Huerto de Getsemaní, muchas veces, entonces, la Iglesia tiene que experimentar la espiritualidad del crucificado, del que esta crucificado, del que ha sido lapidado, flajelado, coronado de espinas, clavado en el madero, del que, incluso estando en el madero, clavado ahí, es incluso calumniado, difamado, ofendido, el que ya clavado en la cruz, es objeto de intriga; es la espiritualidad, del siervo sufriente del profeta Isaías, cuando dice, pensando precisamente en el Mesías que vendrá,es llevado como cordero al matadero, es tratado como un despojo, dice Isaías en realidad, como un desecho de los hombres, y esta tan maltratado como desecho de los hombres que el profeta afirma: “ Es mejor volver, voltear la mirada para no contemplarle “, porque contemplarle, mirarle, asi dice el profeta: “ da asco ”.

 

Esta es la espiritualidad del despojo, la del despojado. La espiritualidad que tiene que vivir la Iglesia muchas veces, es la del despojado, el que también ha sido despojado en su dignidad, de sus derechos, en su libertad, no puede la Iglesia vivir una espiritualidad diferente, cuando el pueblo de Dios, cuando el pueblo del Señor, cuando su pueblo, que es su Iglesia esta experimentando el padecimiento, el dolor y el sufrimiento. Es de ahí que muchas veces la Iglesia, tiene que experimentar la espiritualidad del José de Arimatea, que es la del que, probablemente llegó un poco tarde a la crucifixión, la del que probablemente se atrasó un poco en el camino al Calvario, y ya cuando llegó, Cristo estaba crucificado, ya el hermano estaba crucificado, ya lo habían crucificado, ya lo habían vilipendiado, maltratado, desechado, despojado, calumniado, crucificado, alterado en su dignidad, coronado de espinas, flajelado, ya estaba muerto; pero, miren que bello, que aunque haya llegado tarde es la espiritualidad del que aún así esta dispuesto a abrir sus brazos sus manos, para recibir el cuerpo, el cuerpo ensangrentado del que ha sido crucificado.

 

Muchas veces la Iglesia tiene que vivir esa espiritualidad, no siempre la Iglesia, puede vivir la espiritualidad de la gloria, muchas veces hay que vivir la espiritualidad de la muerte, la muerte también tiene su espiritualidad, la espiritualidad de la muerte es la espiritualidad de la soledad, del desgarre, cuando alguien se nos muere, cuando un ser amado se nos muere, ya no esta con nosotros, uno siente que le han desagarro el corazón, uno siente que le han quitado un trozo, un pedazo del corazón, y la Iglesia muchas veces tiene que entrar en la espiritualidad de la muerte, en la espiritualidad de las mujeres que van al sepulcro muy demadrugada, el primer día de la semana y que se encuentran con un sepulcro vacío, y ellas piensan que se han robado el cuerpo del maestro; y es la espiritualidad del desonsuelo, cuánta gente adolorida, cuánta gente, incluso ya sin esperanza. Claro, nosotros no podemos quedarnos sin esperanzas; pero si, entrar en esa espiritualidad del desconsuelo, de la desolación, que es la espiritualidad del desierto, donde lo único que hay es arena, aridez, infertilidad, porque uno no mira la vida, el verde de la naturaleza, no hay agua, esa es la espiritualidad del desconsuelo, del desaliento, muchas veces la Iglesia lo que tiene que hacer es llorar con el que está llorando, no le queda más que hacer eso, porque eso es volverse pueblo, la Iglesia es pueblo, y se vuelve pueblo, se hace pueblo porque es pueblo, y no le queda más que llorar con el que esta sufriendo, no hay más aliento que estar cerca, que estar presente, silencioso, callado también , pero ahi a la par del desconsolado.

 

Cada una de estas espiritualidad tendríamos que reflexionarlas con mayor tiempo, cada una de ellas tiene un gran significado, la espiritualidad de los tres días, que van del viernes santo al domingo de resurrección, yo siempre he pensado que esos tres días, pues no son muchos, pero cuánto pesan llegar del viernes al domingo, no mucho tiempo, pero cuánto pesan. Cuando me encuentro con gente que esta así, crucificada, que esta viviendo en la espiritualidad doliente, esa la espiritualidad de la soledad, de la muerte, le digo, estas atravesando los tres días, pero esos tres días cuánto duele y la Iglesia?, muchas veces tiene que entrar en esa esperitualidad de los tres días, que es la espiritualidad de los discípulos de Emaús, cuando venían desconsolados y se encontraron con el caminante anónimo, y le dicen: “ eres el único que no se ha dado cuenta lo que ha sucedido en Jerusalén? “ que Jesús de Nazareth, poderoso en obras y prodigios, que nos había prometido la salvación y la liberación, terminó en manos de los sumos sacerdotes, de los escribas, de los faricesos fue crucificado, muerto y ya ha estas alturas pasaron tres días y muerto quedó.

 

Esa es la espiritualidad de los tres días, del que cree que, de pronto que la muerte tuvo la última palabra, pero claro, nosotros los cristianos sabemos que todas estas espiritualidades, que al final termina siendo una sola: la de la crucifixión, la del crucificado, concluyen en el triunfo y la victoria del crucificado. Gloria a Dios !.

 

Por eso a mi me gusta insistirle a ustedes, y decirselo, una y otra vez, repetidas veces: “ la última palabra de la historia, siempre, nos se les olvide, la tiene el Señor y el Señor resucitado y el resucitado tiene la última palabra ”.

 

Miren, aquí hay otro misterio, y les voy decir algo muy serio y muy fuerte: la última palabra en la historia no la tiene el Cristo crucificado, la tiene el Cristo resucitado, que es el mismo, lo que pasa es que para llevar a la resurreción hay que pasar por la cruz y la cruz duele, pero la última palabra la tiene el Cristo que ha sido crucificado muerto, pero ha resucitado al tercer día y por los ángeles y a través de los ángeles nos dice: “ No busquen entre los muertos al que está vivo”, y el Apocalipsis dice: “ El vive por los siglos de los siglos ”.

 

Ese resucitado es el que entonces, nos hace entrar en la espiritualidad de la alegría. El Papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial de la Misiones de este día, comienza con una expresión de las más bellas que él tiene, y que a mi, igual , me ha dejado muy sorprendido diciendo: “ los cristianos, debemos de vivir en la Iglesia nuestra vida como una aventura de ser hijos de Dios” , me llama la atención, el Papa dice, que los cristianos debemos de vivir en la Iglesia nuestra fe nuestra vida de fe como una aventura de ser hijos Dios, ser hijos de Dios es una aventura, y cuando comencé a leer el mensaje de Papa y me encontré de entrada con esta primera frase, me pregunté ¿ por qué el Papa dice que prácticamente ser hijos de Dios es una aventura, que la debemos de vivir en la Iglesia y él mismo?, en el mensaje nos da algunas pinceladas, y claro , es una aventura vivir como hijos de Dios, en la Iglesia, porque nosotros tenemos que anunciarle al mundo la buena nueva de Jesucristo, y la buena nueva de Jesuscristo es : israelitas, éste, al que ustedes han crucificado, éste al que ustedes han matado, ha resucitado, y está vivo y vive por los siglos de los siglos.

 

Y ese es el mensaje del misionero, y ese es el mensaje del evangelizador y es un mensaje de esperanza, es un mensaje de alegría, por eso en medio del sufrimiento y el dolor, nosotros no perdemos la paz y no perdemos ésta alegría serena del corazón, en medio del sufrimiento y del dolor, el que ha comprendido y ha experimentado la buena nueva de Jesucristo y la anuncia y le dice a los demás lo que él ha vivido, éste, éste que ha sido crucificado y ha sido muerto, ha resucitado y está vivo y va a vivir por la eternidad y va a vivir para siempre, y este es el que tiene la última palabra de la historia, y este es el que va a decir siempre: “ no, yo no estoy muerto, estoy vivo” y éste es el que va a reinar y éste es el que va a triunfar, el que ha vivido y experimentado eso es su vida lo proclama y lo anuncia a los demás, aún en el sufrimiento, no pierde la paz, por eso es que el evangelista San Juan nos dice: “No pierdan la paz, que no se turbe su corazón, no se dejen perturbar, en su interior, mantengan la paz, sostenganse en la paz de Cristo, muerto y resucitado.

 

El mundo quisiera, no solo que sufrieramos, sino sufrir y que estemos tristes, perder la paz, eso es lo que quisiera el mundo, el mundo quisiera que sufriéramos; pero además perdiéramos la paz y que perdiéramos esa alegría serena que nos da el resucitado, esa certeza, esa seguridad que tenemos que al final de la histora, repito, insisto, siempre la última palabra la va a tener el Señor. Y porqué el mundo y porqué el maligno quisiera que nosotros perdieramos la paz y la alegría serena ? , entonces claro, una persona que sufre, y que además perdió la paz y la alegría y que en su interior lo que reina es únicamente la tristeza, la desesperanza, el desconsuelo,la fatiga, la inutilidad, prácticamente un muerto en vida, pero ahora piensen lo contrario, y miren cómo actúa el maligno, y miren como actúa el Señor, cómo la lógica divina es otra, y entonces una persona sufriente, que sufre; pero que no pierde la paz y no pierde la alegría serena, porque su mirada, aunque este en el calvario, está puesta en el resucitado y sabe que al final va a llegar ahi al resucitado, es una persona que siempre, va a estar en su interior, como decía San Pablo: “estén alegres en el Señor”. Yo creo que esto confunde al mundo, cuando miran a una persona sufriente, que esta en el calvario, como Cristo y con la gracia de Cristo, no pierde la paz no pierde la alegría, el mundo se confunde, porque esa no es la lógica del mundo.

 

Cómo sostenerse en la paz y en la alegría del corazón en medio del dolor y el sufrimiento, por esta razón: porque el Señor nos ha dado la gracia de creer en esta buena noticia que le anunciamos al mundo: Cristo a muerto; pero también esta vivo, ha resucitado; y hablando de esta lógica divina. El Papa Francisco, en el mensaje de hoy, dice algo también bello: “del crucificado, nosotros los cristianos, tomamos todo el amor de Dios para después anunciarselo, entregarselo, y darselo al mundo” y dice el Papa: “entonces, el mal, por mayor fuerza que quiera tener, el mal por más ataque que nos haga, el mal siempre va a ser respondido con la fuerza del amor”, y el mal dice el Papa, más bien nos anima a amar más porque recibimos el amor del crucificado.

 

Si me permiten la expresión, por supuesto, en el buen sentido de la palabra, esto que dice el Papa el es una barbaridad!!, porque dice : “ el mal nos anima a amar más”; pero claro el Papa dice eso porque primero ya dijo: “es que del crucificado ya hemos recibido la fuerza del amor”, y así pasó con él, el mal lo crucificó, el mal lo atacó, el mal lo atacó, no dejó de atacarlo nunca en ningún momento hasta que el mal se ceñía sobre él; más amor, más amor del Dios Padre, a través del Hijo, manifestado en el Señor para todos nosotros, al punto de haber dicho: “ Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”.

 

Concluyo con las palabras de Santa Teresa de Jesús, cuando estaba agonizando dijo: “por fin muero, o al fin muero, siendo hija de la Iglesia”, dicho de otra manera, muero siendo hija de la Iglesia. Hermanos y hermanos , en nombre de Cristo les repito: No tengan miedo, abran de par en par las puertas a Cristo Redentor, no le tengan miedo ni a Cristo ni a la Iglesia, y que también ustedes y nosotros tengamos la dicha y la bienaventuranza de morir siendo hijos de la Iglesia.

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