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Sábado, 23 Septiembre 2017
Congreso Laudato Si’ y Grandes ciudades. El Papa envía un mensaje

Congreso Laudato Si’ y Grandes ciudades. El Papa envía un mensaje Featured

14 Jul.17 (VATICANO / ZENIT ).- El papa Francisco envió un mensaje a los participantes del congreso internacional “Laudato si’ y grandes ciudades” que se realiza en Río de Janeiro del 13 al 15 de julio, organizado por la Fundación “Antoni Gaudí para las Grandes Ciudades” de Barcelona, en colaboración con la arquidiócesis de Río de Janeiro, informó hoy viernes la Oficina de prensa de la Santa Sede.

A raíz de un Congreso Internacional de Pastoral de las Grandes Ciudades  organizado en Barcelona-Roma el año 2014 y fruto de unas conversaciones con el papa Francisco, el cardenal emérito de Barcelona, Luis Martínez Sistach, constituyó en dicha ciudad la Fundación “Antoni Gaudí para las Grandes Ciudades” que ahora organiza este congreso en Brasil.

El mensaje del Papa está dirigido al cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo emérito de Barcelona y el congreso de un lado quiere aplicar la encíclica escrita por el Santo Padre, proponiendo soluciones al problema del cambio climático; y de otro es sensibilizar cada vez más a la gente de la responsabilidad que todos tienen de dare solución de estos problemas y humanizar la vida en las grandes urbes.

A continuación el texto completo

Querido hermano: Lo saludo atentamente, como también a todos los que toman parte en el evento: Congreso Internacional «Laudato si’ y Grandes Ciudades». En la Carta encíclica Laudato si’ hago referencia a varias necesidades físicas que tiene el hombre de hoy en las grandes ciudades y que necesitan ser afrontadas con respeto, responsabilidad y relación.

Son tres «R» que ayudan a interactuar de forma conjunta ante los imperativos más esenciales de nuestra convivencia.

El respeto es la actitud fundamental que el hombre ha de tener con la creación. Ésta la hemos recibido como un don precioso y debemos esforzarnos para que las generaciones futuras puedan seguir admirándola y disfrutándola. Este cuidado debemos enseñarlo y transmitirlo. San Francisco de Asís afirmaba en su Cántico a las Criaturas: «Loado seas, mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta».

En estos adjetivos se expresa la belleza e importancia de este elemento, que es indispensable para la vida. Como otros elementos creados, el agua potable y limpia es expresión del amor atento y providente de Dios por cada una de sus creaturas, siendo un derecho fundamental, que toda sociedad debe garantizar (cf. Laudato si’, 30).

Cuando no se le presta la atención que merece se transforma en fuente de enfermedades y su escasez pone en peligro la vida de millones de personas. Es un deber de todos crear en la sociedad una conciencia de respeto por nuestro entorno; esto nos beneficia a nosotros y a las generaciones futuras.

La responsabilidad ante la creación es el modo con el que debemos interactuar con ella y constituye una de nuestras tareas primordiales. No podemos quedarnos con los brazos cruzados, cuando advertimos una grave disminución de la calidad del aire o el aumento de la producción de residuos que no son adecuadamente tratados. Estas realidades son consecuencia de una forma irresponsable de manipular la creación y nos llaman a ejercer una responsabilidad activa para el bien de todos.

Además, comprobamos una indiferencia ante nuestra casa común y, lamentablemente, ante tantas tragedias y necesidades que golpean a nuestros hermanos y hermanas. Esta pasividad demuestra la «pérdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil» (Laudato si’, 25).

Cada territorio y gobierno debería incentivar modos de actuar responsables en sus ciudadanos para que, con inventiva, puedan interactuar y favorecer la creación de una casa más habitable y más saludable. Poniendo cada uno lo poco que le corresponde en su responsabilidad, se estará logrando mucho.

Se observa en las grandes ciudades, como también en las zonas rurales, una creciente falta de relación. Con independencia de la causa que lo produce, el flujo constante de personas genera una sociedad más plural, multicultural, que es un bien, produce riqueza y crecimiento social y personal; pero también hace que esta sociedad sea cada vez más cerrada y desconfiada.

La falta de raíces y el aislamiento de algunas personas son formas de pobreza, que pueden degenerar en guetos y originar violencia e injusticia. En cambio, el hombre está llamado a amar y a ser amado, estableciendo vínculos de pertenencia y lazos de unidad entre todos sus semejantes. Es importante que la sociedad trabaje conjuntamente en ámbito político, educativo y religioso para crear relaciones humanas más cálidas, que rompan los muros que aíslan y marginan.

Esto se puede lograr a través de agrupaciones, escuelas, parroquias, etc., que sean capaces de construir con su presencia una red de comunión y de pertenencia, para favorecer una mejor convivencia y lograr superar tantas dificultades. De esta manera, «cualquier lugar deja de ser un infierno y se convierte en el contexto de una vida digna» (Laudato si’, 149).

Encomiendo a la intercesión de la Virgen Santa, Reina de cielo y tierra, estas jornadas de estudio y de reflexión. Que su consejo y guía oriente sus decisiones en favor de una ecología integral que proteja nuestra casa común y construya una civilización cada vez más humana y solidaria. Por favor, les pido que recen por mí; y ruego al Señor que los bendiga.

Vaticano, 12 de junio de 2017

FRANCISCO

 

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