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Miércoles, 18 Octubre 2017
El que quiera ser grande sea servidor

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20 Sept. 16.(Matagalpa/NIC).“El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir” (Mateo 20, 26-28).

 

El seguimiento a Jesucristo es un identificarse con su persona, con su actividad, con su palabra, con su entrega y su servicio. Seguir a Jesucristo a través del ministerio sacerdotal es identificarse con su cruz. San Pablo lo resume así: “Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2, 20). 

De esto podemos decir que la fe se fundamenta en el amor, que se traduce en el servicio. Es este amor el que impulsa a los pastores de la Iglesia a desarrollar su misión de servicio a los hombres, desde el servicio caritativo más inmediato hasta el servicio más alto, aquel de ofrecer a los hombres la luz del Evangelio y la fuerza de la gracia.

El estilo de vida evangélico se puede concretar, por tanto, “en el espíritu de servicio a todas las personas, en una disponibilidad generosa para desempeñar las tareas que la Iglesia a través de sus pastores les encomienden, y en aspirar a ser humildes trabajadores en la viña del Señor” (Homilía tras elección, Benedicto XVI). 

Los buenos servidores hacen todo por el Señor sin buscarse a sí mismos. Se entregan con la actitud agradecida de un hombre de fe, cumplen hasta el final la tarea encomendada, sin quejas, sin sensación de ser protagonistas que necesitan del aplauso de los otros, porque sólo buscan el amor de Dios, porque sólo buscan agradarle a Él.

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